¿Por qué nos cabreamos? y, ¿por qué es saludable?

Hola!

Tan sólo un Quick Feeling. 🙂

Ryan Martin, investigador del enfado (sí también se estudia el enfado), parte de su experiencia profesional para dibujarnos un mapa de cómo la gente nos cabreamos para explicar algunos de los procesos cognitivos que hay tras el cabreo y por qué una dosis saludable de cabreo puede, de hecho, ser útil. Como él mismo menciona:

“Tu ira existe en tí… ya que ofreció a tus ancestros, humanos y no humano, una ventaja evolutiva […] es una fuerza poderosa y saludable en tu vida”

Y como siempre hacemos con las TED Talks, aquí os dejo la transcripción en castellano:

Imaginen que un amigo les envía un mensaje de texto que dice: “No vas a creer lo que pasó. ¡Estoy enojadísimo ahora mismo!”. Y entonces, como buen amigo, preguntan los detalles. Y su amigo les cuenta lo ocurrido en el gimnasio, en el trabajo o en su cita de anoche. Y lo escuchan y tratan de entender por qué está tan enojado. Quizá en secreto juzguen si debería estar tan enojado o no. (Risas) Y quizá le dan algún consejo. Lo que hacen en ese momento es lo que hago todos los días, porque investigo el enojo. Y como investigador del enojo, paso una buena parte de mi vida profesional –¿a quién engaño?, también mi vida personal– estudiando por qué la gente se enoja: los tipos de pensamientos que tienen cuando se enojan, también lo que hacen cuando se enojan, si pelean o rompen cosas, si le gritan a los demás, o escriben en mayúsculas en internet. (Risas) Como se imaginarán, cuando la gente se entera de a qué me dedico, quieren hablarme de su enojo, contarme sus historias, no porque necesiten a un terapeuta –aunque a veces es el caso–, sino porque el enojo es universal. Es algo que todos sentimos y con lo que estamos familiarizados. Lo hemos sentido desde los primeros momentos de vida, cuando llorábamos al no conseguir lo que queríamos, cosas como: “¿No vas a recoger la sonaja, papá? ¡La quiero!”. (Risas) Lo sentimos durante la adolescencia, mi madre es testigo. Lo siento, mamá. Lo sentimos hasta el final. De hecho, el enojo ha estado con nosotros en los peores momentos de la vida. Es una parte natural y normal de la aflicción. Pero también lo sentimos en algunos de los mejores momentos, en ocasiones especiales como bodas y vacaciones, exacerbado por las frustraciones de la vida cotidiana: mal clima, retrasos en el viaje, cosas que caen muy mal en el momento, pero que luego olvidamos cuando todo marcha bien. Converso mucho con la gente sobre su enojo y en esas conversaciones he aprendido que, para muchos, seguramente para muchos de los presentes aquí hoy, el enojo es un problema porque ven cómo interfiere en su vida, cómo daña relaciones, quizá en formas que dan miedo. Aunque entiendo todo ello, veo al enojo de forma distinta. Quiero decirles algo muy importante sobre el enojo a continuación: el enojo es una fuerza poderosa y sana en sus vidas. Es bueno sentirlo. Necesitan sentirlo. Pero para entender esto, vamos a retroceder y a hablar sobre el porqué nos enojamos en primer lugar. Mucho de esto se remonta al trabajo del investigador del enojo, Dr. Jerry Deffenbacher, quien escribió al respecto en 1996 en un capítulo de un libro sobre cómo lidiar con el enojo. Para la mayoría de nosotros se simplifica de esta manera: me enojo cuando me provocan. Eso es lo que suele decir la gente. Cosas como: “Me enfurece que la gente maneje tan lento”, o “Me enojé porque dejó la leche afuera otra vez”. O mi favorita: “No tengo un problema con el enojo, el problema es que la gente me molesta”. (Risas) Con la intención de entender mejor esos tipos de provocaciones, le pregunto a muchas personas, incluyendo a mis amigos, colegas y familiares: “¿Qué cosas realmente te molestan? ¿Qué te hace enojar?”. Ahora es un buen momento para mencionar una ventaja de ser investigador del enojo. He pasado más de una década generando una lista que incluya todas las cosas que irritan a mis colegas, por si la llego a necesitar. (Risas) Pero sus respuestas son fascinantes, me respondieron cosas como: “Cuando mi equipo deportivo pierde”, “La gente que hace ruido al masticar”. Es sorprendentemente común, por cierto. “La gente que camina muy lento”, esa es mía.

Y claro, “las glorietas”. Las glorietas… (Risas) De verdad les digo, no hay ira como la ira de las glorietas. (Risas) A veces sus respuestas no son nada triviales. A veces son sobre el racismo, el sexismo, el acoso y la destrucción del medio ambiente, los problemas globales que tenemos. Pero a veces, sus respuestas son muy específicas, extrañamente específicas, quizá. “La línea que deja el agua en la camisa al apoyarte accidentalmente en el lavabo de un baño público”. (Risas) Muy asqueroso, ¿no? (Risas) O: “Las memorias USB, solo hay dos maneras de conectarlas, ¿por qué siempre me toma tres intentos?”. (Risas) Sea trivial o no, general o específico, podemos analizar estos ejemplos y encontrar similitudes entre ellos. Nos enojamos en situaciones desagradables, injustas, que ofuscan nuestros objetivos, cosas que pudimos evitar, y que nos hacen sentir impotencia. Esta es la receta del enojo. Pero también pueden notar que quizá el enojo no es lo único que sentimos en esas situaciones. El enojo no ocurre solo. Nos podemos enojar y al mismo tiempo estar asustados o tristes, o tener otras emociones. Pero debemos pensar que estas provocaciones no son lo que nos enoja, no por sí mismas. Y lo sabemos porque, si lo fueran, todos nos enojaríamos por las mismas cosas, y no es así. Las razones por las que yo me enojo son distintas de las suyas, así que debe tratarse de algo más. ¿Qué es ese algo más? Es importante lo que hacemos y sentimos en el momento de la provocación. Esa es la etapa del preenojo: ¿tienen hambre?, ¿están cansados?, ¿hay algo que les preocupa?, ¿se les está haciendo tarde para algo? Cuando sentimos una de esas cosas, el efecto de la provocación empeora mucho. Pero lo más importante no es la provocación, no es la etapa del preenojo, sino esto: cómo interpretamos la provocación, es el significado que le damos en nuestra vida. Cuando algo nos pasa, primero decidimos si es bueno o malo, si es justo o injusto, si es culpa de alguien o castigable… Esa es la valoración primaria, cuando evaluamos el evento en sí. Determinamos su significado en nuestro contexto. Una vez hecho eso, determinamos cuán malo es. Esa es la valoración secundaria. Pensamos: “¿es lo peor que me ha ocurrido, o puedo lidiar con esto?”. Para ilustrar esto, imaginen que van conduciendo. Antes de continuar, debo decirles, si yo fuera un genio malvado y quisiera crear una situación para hacerlos enojar, esa situación sería conducir. (Risas) Es verdad. En definitiva, van en camino hacia algún lugar y todo lo que ocurre… tráfico, otros conductores, obras en construcción, parece que obstaculiza sus objetivos. Hay muchas reglas de tránsito escritas y no escritas, y esas reglas son constantemente violadas frente a Uds., usualmente sin consecuencias. ¿Quiénes violan esas reglas? Personas anónimas, personas que nunca volverán a ver, lo cual las convierte en blanco fácil de nuestra ira. (Risas) Van conduciendo, propensos a enojarse, y la persona de adelante conduce por debajo de la velocidad mínima. Y es frustrante porque no comprenden la razón de que conduzca tan lento. Es la valoración primaria. Lo analizan y piensan que es malo y culpa de alguien. Pero también piensan que no es para tanto. No llevan prisa, no importa. Esa es la valoración secundaria; no se enojan. Ahora imaginen si van en camino a una entrevista de trabajo. La persona está haciendo lo mismo, así que la valoración primaria no cambia, sigue siendo algo malo, culpa de alguien. Pero su habilidad para lidiar con ello sí que cambia. De pronto, van a llegar tarde a la entrevista de trabajo. Lo que significa que no conseguirán el empleo de sus sueños, en el que ganarían montones y montones de dinero. (Risas) Le van a dar a alguien más ese empleo y Uds. caerán en banca rota. Estarán desamparados. Quizá sería mejor parar, echar marcha atrás, volver con los padres… (Risas) ¿Por qué? “Porque la persona que va delante no es una persona, sino un monstruo”. (Risas) Y ese monstruo ha venido para arruinar sus vidas. (Risas) Ese proceso de pensamiento se llama catastrofización, cuando esperamos lo peor. Es uno de los principales tipos de pensamientos asociados con el enojo crónico. Pero hay otros también. Mal atribuir la causalidad. La gente enojada suele echar la culpa a donde no pertenece. No solo a las personas, sino también objetos inanimados. Si piensan que eso es ridículo, recuerden la última vez que perdieron las llaves del coche y dijeron: ¿a dónde habrán ido? Como si hubieran salido corriendo por sí mismas. (Risas) Tienden a sobregeneralizar y dicen cosas como “siempre”, “nunca”, “todos”, “siempre me pasa”, “nunca obtengo lo que quiero”, u “hoy todos los semáforos me tocaron en rojo”. Imposición: colocan las necesidades propias antes que las de los demás: “No me importa por qué maneja tan lento, debería acelerar o quitarse del camino para que pueda llegar a la entrevista”. Por último, el uso de expresiones agresivas. Llaman a los demás tontos, idiotas, monstruos, y muchas otras cosas que me pidieron que no dijera en esta charla TED. (Risas) Durante mucho tiempo, los psicólogos se han referido a esto como distorsiones cognitivas, o creencias irracionales. Y sí, a veces son irracionales, o quizá casi siempre. Pero, a veces, sí son completamente racionales. Hay injusticias en el mundo. Hay gente cruel y egoísta, y no solo está bien enojarnos cuando nos tratan mal, es más que correcto enojarnos cuando nos tratan mal. Quiero que recuerden una cosa de mi charla de hoy: el enojo existe en Uds. como una emoción porque dotó a sus antepasados, humanos y no humanos, de una ventaja evolutiva. Así como el temor nos alerta de un peligro, el enojo nos alerta de una injusticia. Es una manera en que el cerebro nos comunica que ha sido suficiente. Además, nos llena de energía para confrontar la injusticia. Piensen un momento en la última vez que se enojaron. El ritmo cardíaco incrementa. El ritmo de la respiración también, comienzan a sudar. Es el sistema nervioso simpático, conocido como el sistema “pelea o huye”, manifestándose para ofrecerles la energía necesaria para responder. Y eso es solo lo que percibimos. Al mismo tiempo, el sistema digestivo baja el ritmo para ayudar a conservar energía. Por eso se nos reseca la boca. Y los vasos sanguíneos se dilatan para hacer llegar la sangre a las extremidades. Por eso la cara enrojece. Todo es parte de este patrón complejo de experiencias fisiológicas que existen hoy en día porque ayudaron a nuestros ancestros a lidiar con las crueles y despiadadas fuerzas de la naturaleza. El problema es que lo que nuestros ancestros hacían para lidiar con el enojo, pelear físicamente, ya no es razonable y apropiado. No es correcto y no debemos blandir un bate cada vez que nos provocan. (Risas) Pero hay buenas noticias. Somos capaces de algo que nuestros ancestros no humanos no eran capaces. No tenían la capacidad de regular sus emociones. Incluso cuando queremos explotar, podemos detenernos y canalizar el enojo en algo más productivo. A menudo, cuando hablamos del enojo, hablamos de cómo evitar enojarnos. Le decimos a la gente que se calme o se relaje, incluso que lo deje pasar. Y todo ello presupone que el enojo es malo y que es malo sentirlo. Pero prefiero considerar al enojo como una motivación. Del mismo modo en que la sed nos motiva a beber agua, igual que el hambre nos motiva a buscar alimento, el enojo nos puede motivar a responder a la injusticia. No necesitamos pensar demasiado para encontrar cosas por las que enojarnos. Si retomamos los ejemplos del inicio, sí, algunas cosas son tontas y no vale la pena enojarse por ellas. Pero el racismo, el sexismo, el acoso, la destrucción del ambiente, todo eso es real, y son cosas terribles, y la única manera de solucionarlas es primero enojándonos y luego canalizar ese enojo para combatirlas. No hace falta ser agresivo, hostil o violento para combatirlas. Hay infinitas maneras de expresar el enojo. Podemos protestar, escribir cartas a los editores, donar y ofrecernos como voluntario para las causas, podemos crear arte, literatura, poesía y música; podemos crear una comunidad que se preocupe por los demás y que no permita que ocurran esas atrocidades. Así que la próxima vez que sientan que van a enojarse, en vez de intentar evitarlo, espero que escuchen lo que el enojo les trata de decir. Y espero que lo canalicen en algo positivo y productivo. Gracias. (Aplausos)

Buen sábado!! 🙂


Artículo Original: “Why we get mad — and why it’s healthy” en TED

Escrito por Feel The Brain

La música, siempre ha sido mi pasión y, ahora, la neurología y el cerebro también ¿Por qué, a la par que me formo en esta unión no intento difundir y divulgalo? Este es el objetivo principal de la razón de ser de Feel the Brain. Llevamos cada dia puesta la Máquina Más Compleja de la naturaleza, de la cual sabemos muy poco. No soy un experto, ni pretendo serlo, el objetivo es formarme y compartir estas materias. La Máquina Más Compleja necesita combustible y la música es combustible de primera.

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