Porqué las Sonrisas, el Ceño Fruncido y los Bostezos son contagiosos

¡Sonríe! Hará que todo el mundo de la habitación se sienta mejor porque ell@s, de modo consciente o inconsciente, están riendo contigo.

Resultados recientes demuestran que un instinto para la mímica facial nos permite empatizar e incluso experimentar los sentimientos de l@s demás. Si no podemos reflejar la cara de otra persona, nuestra habilidad para leer y reaccionar correctamente a sus expresiones se verá limitada. La revisión de esta reflexión emocional apareció el 11 de Febrero de 2016 en Trends in Cognitive Sciences.

En su paper, Paula Niedenthal y Adrienne Wood, psicólog@s sociales de la Universidad de Wisconsin describen cómo las personas en situaciones sociales simulan las expresiones faciales de l@s demás para crear respuestas emocionales en ell@s mism@s. Por ejemplo, si estás con un amig@ que parece estar triste, probarás de “ponerte” esa careta de triste, sin que te des cuenta de que lo estás haciendo.

Cuando “probamos” la expresión de nuestro amigo, nos ayuda a reconocer qué es lo que está sintiendo, asociándolo con las veces que en nuestro pasado hicimos esa expresión. Los humanos extraemos este significado emocional de las expresiones de las caras de los demás en cuestión de unos centenares de milisegundos.

Esta infografía explica la investigación que hay detrás de cómo sabemos qué es lo que las personas están sintiendo con tan sólo mirar sus caras. (Adrienne Wood)

Esta infografía explica la investigación que hay detrás de cómo sabemos qué es lo que las personas están sintiendo con tan sólo mirar sus caras. (Adrienne Wood)

Los pasos descritos serían:

  1. Vemos una cara con una expresión. Necesitamos saber qué es lo que significa la expresión, de modo que podamos reaccionar efectivamente.
  2. Simulamos la expresión facialEsta simulación usa las mismas áreas del cerebro que causan nuestra expresión facial. Con lo que, como consecuencia, provoca que repliquemos la expresión.
  3. La Simulación nos indica cómo nos hace sentir esa expresiónTambién ayuda el contexto o el conocimiento que tengamos sobre el amigo al que estamos imitando.

Niedenthal afirma que: “Nos vemos reflejad@s en nuestros sentimientos emocionales, después generamos algún tipo de juicio de reconocimiento y lo más importante es que esos resultados nos ayudan a tomar la acción más adecuada; ya se trate de acercarse a la persona o de evitarla. […] Nuestra reacción emocional a la cara cambia nuestra percepción de cómo vemos la cara en sí, de modo que nos aporta más información sobre qué es lo que significa”

La habilidad de una persona para reconocer y “compartir” las emociones de los demás se puede ver inhibida cuando no puede imitar caras. Esta es una queja muy común de las personas con enfermedades motoras centrales o periféricas, como pueden ser parálisis faciales derivadas de un ictus o nervios dañados durante una cirugía plástica.

Lo mismo ocurriría para las personas con parálisis congénitas; dado que nunca han tenido la habilidad de imitar las expresiones faciales habrán desarrollado mecanismos de compensación para la interpretación de las emociones.

La personas con desórdenes sociales asociados a la imitación y/o el reconocimiento de emociones; como el autismo; también pueden experimentar problemas parecidos. Según Niedenthal: “Hay síntomas en el autismo donde la falta de imitación facial se debería en parte a la falta de contacto visual […] Sería socialmente sobreestimulador el engancharse con el contacto visual, pero bajo ciertas condiciones, si lo reforzamos, el beneficio es espontáneo”

Los siguientes pasos que Niedenthal quiere seguir empiezan por explorar el mecanismo del cerebro que nos ayuda al reconocimiento facial. Asegura que un mejor entendimiento del mecanismo detrás de la simulación sensor motora nos dará una mejor idea de cómo tratar los desórdenes asociados.

 

Un vídeo: ¿Por qué bostezamos? ¿Por qué los bostezos son contagiosos?

Buen Sábado!!! 🙂

Artículo Original: “Why Smiles and Frowns are Contagious” en NeuroScienceNews.com