La Autopromoción en el Trabajo

En un mundo perfecto, habría una fuerte correlación entre el rendimiento en el trabajo y el éxito en la carrera profesional. En el nuestro esta correlación no existe.

Con esta tajante afirmación empieza su artículo Tomas Chamorro-Premuzic sobre la autopromoción personal en el trabajo.

Mucha gente tiene éxito en el trabajo a pesar que su contribución a las organizaciones para las que trabajan es casi inexistente; mientras que much@s de las que las que llevan sus trabajaos y tareas hasta la excelencia no disfrutan del mismo privilegio.

Como afirma el psicólogo Ben Dattner en su libro: The Blame Game: How the Hidden Rules of Credit and Blame Determine Our Success or Failure” (Algo parecido a: “El Juego de la Culpa: Cómo las Reglas Secretas del Crédito y de la Culpa Determinan nuestro éxito o fracaso”); una razón por la que ocurre lo arriba descrito es porque, a menudo, el éxito individual reside en la habilidad para dar crédito a los logros de otr@s o culparl@s por sus propios errores.

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Las Apariencias Importan

Si esto supone una visión muy cínica de las cosas, apunta a una realidad psicológica básica: en muchos contextos de grupo, y específicamente en el trabajo, el cuánto de competentes somos percibid@s ser es como mínimo tan importante como cuánto de competentes somos en realidad.

Claro está, que hay cosas que podemos hacer para dar forma a estas percepciones (cosas que tienen bastante poco que ver con lo bien o mal que estemos rindiendo). Por ejemplo, las personas que presumen mucho normalmente son percibidas como frías, egoístas y poco agradables; mientras que las personas que aparentan ser modestas tienden a ser las que son más agradables, competentes y de recompensa fácil si trabajamos con ellas.

Por lo que, además de ser buen@s en nuestros trabajos, ¿qué más podemos hacer -sin ser realmente manipulador@s- para dar forma a cómo somos percibid@s para así maximizar nuestras oportunidades de éxito? ¿es mejor anunciar a bombo y platillo nuestros éxitos para evitar ser ignorados para una promoción? ¿seremos odios@s si lo hacemos? ¿podemos realmente bajar nuestras cabezas y dejar que nuestro trabajo hable por sí solo?

La respuesta, como siempre en psicología, no es definitiva. Hay pros y contras en ambos extremos y amplias razones para quedarnos en el centro. Todo es mejor con moderación excepto la moderación. Lo que está claro es que la correcta medida de autopromoción en el trabajo puede ser de ayuda, se trata más de un arte que de una ciencia. A continuación el porqué y el qué tener en cuenta.

El Rendimiento es Difícil de Juzgar

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Incluso ahora, en la era del trabajo con ordenador y del análisis de personas; las organizaciones aún confían en medidas subjetivas del rendimiento.

Muchas compañias claman que están mejorando en la monitorización y seguimiento del comportamiento de l@s emplead@s -y seguramente sea cierto- pero el juicio subjetivo a duras penas se ha eliminado de la ecuación. Lo sé y comparto la opinión que juntándolo todo no debe ser mala cosa; ya que muchos proyectos tienen éxito o fracasan basándose en cualidades humanas que son difíciles de cuantificar, como por ejemplo la templanza de un@ miembr@ de equipo para calmar al resto en proyectos de gran presión.

Pero en otros aspectos, muchos de estos mismos elementos pueden conducir a un favoritismo injusto conducido por un prejuicio inconsciente.

Con lo que hay que tener en cuenta que la política y las impresiones juegan un rol muy significativo en el proceso.

La Seguridad en Un@ Mism@ se percibe como Competencia

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Muchas personas no son conscientes de sus aptitudes de modo que, cuando piensan que son mejores de lo que realmente son, los demás pueden interpretar rápidamente su atosuficiencia en confianza (recordad la dificultad que entraña el juzgar el rendimiento de modo objetivo). Así es como algunas personas pueden disfrutar de una pequeña ventaja práctica cuando presumen de sus logros y capacidades aún sin base alguna.

En algunos casos, la autopromoción puede ayudar a persuadir a los demás que eres competente o que tienes talento cuando en realidad no es así. Pero no son tan claras las ventajas a largo término de este comportamiento. Cuando las personas sin talento de la compañía son premiadas en base a percepciones exageradas, el sesgo entre su confianza y su competencia se hace visible y el grupo sufre.

La Modestia Puede Ser Percibida como una Debilidad

¡Nunca había caído en esto! El filósofo Arthur Schopenhauer dijo: “Con personas dotadas de una única habilidad modesta, la modestia es simple honestidad; pero, para aquellas dotadas de gran talento es hipocresía.” Vaya con Shopenhauer 🙂

A much@s de nostr@s nos gusta pensar que la modestia y la humildad son atributos positivos; pero nuestros sitios de trabajo tienden a castigar a las personas que las muestran. En la mayoría de los casos, ser modest@ tan solo lleva al éxito cuándo l@s demás te perciben como competente. Pero si no pueden medir tu competencia de un modo fino lo que pasará en primer lugar es que declararan tu humildad como inseguridad y asumirán que eres al menos la mitad (o peor) de lo que presentas ser.

Esto ayuda a explicar el porqué la falsa modestia es tan efectiva en personas con talento evidente. Cuando tu competencia está más allá que cualquier cuestión; implica que eres mejor de lo que te permites admitir. De hecho, cuando dos personas se perciben como igualmente competentes, el/la más modest@ de ell@s es típicamente el/la más agradable.

De otro modo, la modestia puede ser un lastre. Si hay cualquier duda sobre tus competencias, puede ser interpretada como una debilidad.

¿Dónde nos deja esto?

La autopromoción puede hacer que l@s demás estén atent@s a tus puntos fuertes, del mismo modo efectivo que puede inducir a las personas a creer que eres mejor de lo que realmente eres.

Es mejor encontrar un balance entre mostrar a l@s demás tus dudas y presumir de tus talentos. Independientemente de lo buen@ que creas ser o de lo buen@ que en realidad eres, intenta promocionar tus talentos de un modo sutil.

En lugar de asegurar y afirmar en qué eres buen@, habla de lo que te interesa o de lo que levanta tus pasiones. No ensalces tus logros, pero menciónalos discretamente en el contexto adecuado, como si estuvieras buscando feedback de los demás sobre ellos.

Tampoco olvides que no debes tomar crédito por los logros de otras personas y tampoco culparlos por tus errores.

Con lo que la meta es simple: ser competente pero no arrogante. Al fin y al cabo esta es la mejor combinación de todas las demás alternativas: competente y arrogante, incompetente y arrogante, incompetente y humilde.

Buen Martes!!! 🙂

Artículo Original: “HOW MUCH IS TOO MUCH SELF-PROMOTION AT WORK?” en FastCompany.com