La Misofonía: Culpa a tu cerebro si no soportas el sonido de la gente masticando

Espero que tod@s estéis bien. Hoy me gustaría aprender con vosotr@s un tema del que hace tiempo en el que estoy pensando.

Primero de todo, os pido que escuchéis esto:

¿Cómo ha ido? ¿Habéis aguantado? o, ¿Habéis tenido que parar por insoportable?

Si sois de est@s últim@s, lo que quiero aprender hoy es de vuestro interés. ¿Por qué no podemos aguantar el sonido de la gente masticando?

El sonido de la gente masticando, sorbiendo, pulsando, o zumbando puede hacer que algunas personas se pongan muy nerviosas, y l@s científic@s han descubierto el cableado neurológico responsable de esta extraña (no poco común) condición.

Se llama misofonía, describe las emociones sin razón que sentimos al oír ciertos ruidos repetitivos que se producen a nuestro alrededor. Las personas con esta condición experimentan molestia e incluso rabia al oír el sonido de un teclado, el “crec crec” de una bolsa de patatas o el sonido de alguien masticando.

Mientras que ya se sabe que es una condición desde hace 20 años, la investigación sobre el tema y su prevalencia ha sido muy limitado. No hay ningún criterio oficial en el DSM-5 (el manual de las enfermedades mentales -dicho rápido-), y aquell@s que lo experimentan, a menudo, les es difícil que les tomen en serio.

Pero un estudio publicado en el Journal of Clinical Psychology en 2014 sugiere que afecta al 20% de la población, mientras que otro estudio de la Australasian Psychiatry argumenta que se asocia con el trastorno obsesivo compulsivo y ansiedad y que, por tanto, puede considerarse como un trastorno en sí.

En 2017, un equipo de investigador@s de la Universidad de Newcastle en el Reino Unido, descubrió pruebas de los cambios que se hallan en el lóbulo temporal del cerebro y podrían explicar la respuesta emocional que se dispara por los sonidos en aquellas personas que tienen misofonía.

Un grupo de 20 voluntari@s que afirmaba tener esta condición escucharon sonidos neutrales y repetitivos como, una tetera hirviendo o algunos tan molestos como el lloro de un@ niñ@; y otros tan ‘desencadenantes’ como respiraciones y masticar fuerte.

Las respuestas neurológicas y fisiológicas de ést@s 20 voluntari@s se compararon con las del grupo de control formado por 22 voluntari@s que afirmaban no tener misofonía.

Ninguno de los dos grupos reaccionó en demasía a los sonidos neutrales o molestos. Pero al hablar de los sonidos ‘desencadenantes’ aquell@s miembros del grupo de test experimentaban ritmos cardíacos más elevados y conductividad de la piel.

Los escáneres cerebrales también revelaron una notoria diferencia en la neurología de los sujetos. En aquell@s con misofonía, los sonidos ‘desencadenantes’ tenían correlación con el incremento de actividad en varias regiones del cerebro, incluyendo el lóbulo temporal y el córtex anterior insular (AIC, por sus sigla en inglés).

El AIC se halla enterrado profundo en el pliegue que separa el lóbulo frontal y el lóbulo parietal del lóbulo temporal de nuestro cerebro. Es el responsable de un montón de tareas de mediación, incluida la tarea de gestionar la experiencia emocional. También juega un rol muy importante en la integración de señales del mundo exterior con la información que ya hay en el interior de nuestro cuerpo.

Ínsula

Mientras que los sonidos ‘desencadenantes’ también encendieron una reacción en el AIC en aquell@s sin misofonía, el hecho fue que no hubo ningún incremento remarcable en la actividad de áreas como el lóbulo frontal indicando así que había un mayor nivel de control entre las dos partes del cerebro.

Aquell@s con misofonia no sólo mostraron un aumento de actividad en el AIC y el lóbulo frontal, sino también en la corteza prefrontal ventromedial (vmPFC), en el hipocampo y en la amígdala. Las medidas tomadas en la estructura del vmPFC indicaron que tenían las vainas de aislamiento de mielina más gruesas, hecho que ayuda a los nervios a transportar los mensajes con menor pérdida.

Si lo juntamos todo, las pruebas sugieren que aquell@s con misofonía tienen cerebros que batallan por controlar la propagación de mensajes asociados con ciertos sonidos.

Aunque pueda ser una molestia, el hecho de tener misofonia transforma un sonido molesto en una experiencia enfurecida, a medida que se reparte por las diferentes partes del cerebro asociados con la respuesta pelear-huir.

Respuesta fisiológica de Pelear / Huir

El jefe de equipo, Sukhbinder Kumar, describió el impacto de su descubrimiento de 2017: “Para mucha gente con misofonía, esto son muy buenas noticias, ya que por primera vez hemos demostrado una diferencia en la estructura cerebral y la función en los pacientes“.

Pero, para el pesar de aquellos con misofonía, el descubrimiento no nos da una solución fácil. Quizás, intentar que l@s otr@s empaticen y piensen en masticar con la boca cerrada.

Buen Domingo!! 🙂


Artículo Original: “If You Can’t Stand The Sound of People Chewing, Blame Your Brain” en Science Alert

Escrito por Feel The Brain

La música, siempre ha sido mi pasión y, ahora, la neurología y el cerebro también ¿Por qué, a la par que me formo en esta unión no intento difundir y divulgalo? Este es el objetivo principal de la razón de ser de Feel the Brain. Llevamos cada dia puesta la Máquina Más Compleja de la naturaleza, de la cual sabemos muy poco. No soy un experto, ni pretendo serlo, el objetivo es formarme y compartir estas materias. La Máquina Más Compleja necesita combustible y la música es combustible de primera.
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