Aún Necesitas Tu Cerebro

La mayoría de los adultos recordamos el memorizar los nombres de los ríos o el teorema de Pitágoras (o como antaño, la lista de los Reyes Godos) en la escuela y preguntándonos: “¿Cuándo voy a necesitar usar estas cosas?“. L@s chic@s de hoy en día tienen un perfil muy marcado de ‘portavoz’. Jonathan Rochelle, el director del grupo de aplicaciones de la educación de Google, mencionó el año pasado en una conferencia que él “no podía contestar” por qué sus hijos tenían que memorizar la fórmula para solucionar una ecuación de segundo grado. Se pregunta por qué no podrían “preguntar a Google”. Bien, hoy aprenderemos la respuesta a esta pregunta que el Serñor Rochelle no puede contestar.

Google es bueno a la hora de encontrar información, pero el cerebro lo gana de dos modos esenciales. Google subestima cuánto cambia el significado de las palabras en función del contexto. Pensemos en el vocabulario. Cada profesor sabe que alguien de sexto, armado con un diccionario de sinónimos, entregará un trabajo adornado con palabras que no se están usando del modo correcto, como aquel que buscó “meticuloso”, vio que significaba “con mucho cuidado” y escribió: “Fui meticuloso cuando bajé el barranco”.

Con el conocimiento correcto en la memoria, nuestro cerebro pone las palabras en contexto con mucha destreza. Consideremos la frase: “Trisha derramó su café”. Cuando esta frase viene seguida de “Dan corrió a buscar un trapo” nuestro cerebro resalta un aspecto del significado de “derramar” (el que causa desastre). Si la segunda frase hubiese sido “Dan corrió a buscarle más”, podríamos pensar que Trisha tenía menos de algo (lo reconozco, esta traducción está un poco pillada por los pelos 🙂 ). Otro significado se le podría atribuir si la frase que sigue fuese: “Dan saltó, gritando de dolor”.

El significado de “derramar” depende del contexto, pero los diccionarios, incluidos los diccionarios de internet (como el que he usado para traducir el ejemplo anterior de derramar -spill en inglés-) ofrecen significados libres de contexto. Esta es la razón por la que l@s niñ@s bajan los acantilados meticulosamente.

Contexto vs. Contenido

A lo mejor las búsquedas en internet será más sensibles al contexto, pero hasta que nuestros cerebros no sean capaces de comunicarse con los chips de silicio, hay otro problema: la velocidad.

Se supone que el acceso rápido es una gran ventaja del uso de internet. L@s Estudiantes han sido siempre capaces de buscar la fórmula para solucionar ecuaciones de segundo grado antes que memorizarla, pero el hecho de abrir una nueva pestaña del navegador es un momento, en comparación con encontrar la página correcta del libro correcto dónde está esa formula. Per aún así “un momento” es mucho más lento de cómo opera el cerebro.

La velocidad importa cuando la ecuación de segundo grado es parte de un problema mayor. Imagínate solucionando: 397.394 x 9 sin haber memorizado la tabla de multiplicar del nueve. Claro, podrías mirar el valor de 4 x 9, pero perderías fácilmente el hilo del problema a medida que lo hicieras.  Esta es la razón por la que el Observador del Las Matemáticas de USA añadió “el recuerdo rápido y sin esfuerzo” como un eje fundamental de la educación en matemáticas.

Las Tablas de Multiplicar

La velocidad también es importante a la hora de leer. L@s investigador@s informan que l@s lector@s necesitan conocer al menos el 95% de las palabras de un texto para una absorción cómoda. El pararse para buscar la definición de una palabra es disruptivo. En el mundo online, la mera presencia de los enlaces compromete la comprensión lectora ya el deliberar si hacer click o no en ellos interrumpe el flujo del entendimiento (no hace falta que hagamos click en el enlace anterior, tan sólo es para ampliar la información 🙂 ).

Un conocimiento más profundo de las palabras también ayuda. Tus conocimientos de lo qué significa una palabra, cómo se deletrea y cómo suena, de hecho están almacenados en partes diferentes del cerebro. Esta es la razón por la que, a veces, puedes recordar uno pero no los otros, como cuando quieres decir: “alguien que debe dinero” pero no puedes encontrar la palabra “deudor”. L@s buen@s lector@s tienen conexiones rápidas y fiables en las conexiones del cerebro entre deletreo, sonido y significado. La velocidad importa ya que nos permite llevar a cabo otras tareas importantes, como por ejemplo, poder seguir leyendo dando significado a las frases.

Utilizar el conocimiento que tenemos en la cabeza también es auto prolongado, mientras que el uso del conocimiento de internet es más efímero. Cada vez que recuperas información de la memoria, se hace más fácil hacerlo la próxima vez. Esta es la razón por la que los estudiantes que se preparan para un examen recuerdan más si se preguntan a ell@s mism@s que si estudian cómo típicamente lo hacen: releyendo los libros y los apuntes. Esto hace que las ideas defilen por la mente pero no que se queden pegadas (fluyen más). Del mismo modo que nunca vamos a aprender a movernos por una ciudad si siempre utilizamos el GPS, pero sí que lo sabremos hacer si nos esforzamos en recordar la ruta que tomamos la última vez (doy fe de esta experiencia).

El cerebro gana a internet en lo relativo al contexto y a la velocidad, pero internet machaca al cerebro cuando hablamos de volumen. Podemos encontrar cualquier hecho en internet, incluso los hechos alternativos. Nuestro cerebro, en contraste, es limitado, de modo que, ¿cómo elegimos qué aprender?.

Los estudiantes deberían aprender la información para la que internet es un sustituto pobre. Recuperar información de internet lleva su tiempo, de modo que deberían memorizar hechos que se necesitan rápida y frecuentemente. Las matemáticas elementales y los sonidos de las letras son ejemplo obvios, pero cualquier información que se necesite frecuentemente es candidata (en el contexto del álgebra: la fórmula de las ecuaciones de segundo grado).

Internet no es ducha en poner la información en contexto. L@s chic@s que buscan las información de la fórmula de la ecuación de segundo grado acabarán como el que buscó “meticuloso”, tienen una definición, pero no tienen el conocimiento base para usarla de modo correcto. No deberían aprender solamente la fórmula sino también el por qué funciona y cómo se conecta con otro conocimiento matemático.

Así es como el conocimiento contextual se desarrolla en el cerebro, y por qué la instrucción en el vocabulario casi no consiste en la simple memorización de definiciones (se les pide a los estudiantes que usen las palabras en variedad de frases). Por la misma razón, lo mismo debería aplicarse a conceptos más avanzados.

Es un grave error pensar que Google puede reemplazar nuestra memoria. Lo que sí puede hacer es complementarla, si tenemos en mente qué es lo que cada uno (Google y Memoria) sabe hacer mejor.

Buen Miércoles!! 🙂


Artículo Original: “You Still Need Your Brain” en The New York Times