Esta semana he estado indagando y aprendiendo sobre un punto en del que hace muchos años tendría que haberme informado.
No recuerdo si alguna vez os lo he contado: soy bipolar tipo II. Pero no es de esto de lo que quiero hablar (algún día tengo pensado compartir con vosotr@s mis ¿experiencias? con la bipolaridad. Pero el que quiero compartir con vosotros hoy es porqué está directamente relacionado con un cambio reciente de medicación de la bipolaridad.
Quiero hablar sobre la Misofonía. ¿Qué es? Seguro que la conocéis, pero no le habéis dado la importancia que tiene.
Hay sonidos que simplemente forman parte de nuestro día a día: Niños que hablan; compañer@s que teclean; perros que ladran; coches que pitan; sirenas a lo lejos, …
Nuestro cerebro convive con eta gran cantidad de estímulos sonoros casi sin darse cuenta. Pero para algunas personas no todos los sonidos son iguales. Algunos nos disparan algo dentro. Y cuando eso pasa, la reacción es intensa; instintiva y visceral me atrevo a decir en mi caso.
Eso es la misofonía.
¿Qué es?
La misofonía es un trastorno en el que determinados sonidos provocan respuestas emocionales y/o fisiológicas muy fuertes. Para quien lo ve desde fuera, esas reacciones pueden parecer exageradas o difíciles de entender, incluso estúpidas e irritantes. Pero para quien las vivimos, son completamente reales.
Hay sonidos (bueno ruidos) que me vuelven loco.
Esto es lo que decimos y pensamos muchos misofónic@s; y esto es lo más light que podemos decir.
Y es que la reacción va desde simple irritación hasta estados mucho más intensos y serios que suscribo uno por uno:
- Enfado
- Ansiedad
- Rechazo
- Pánico (sí, flipad)
- Miedo (no en mi caso)
- Necesidad urgente de escapar (si, incluso de tus seres queridos)
Pero, ¿quiénes son …?
Los principales sospechosos
Ahí esta la cuestión jodida, muchos de los sonidos que activan la misofonía son sonidos cotidianos, sobre todo sonidos relacionados con la boca: masticar, respirar, sorber, chasquear, tragar,…
Pero no se limitan a este ámbito, otros intolerables son: teclear en un teclado, golpear con los dedos, el limpiaparabrisas del coche (el de detrás más concretamente), el crujido de plástico,…
También movimientos repetitivos pueden desencadenar la reacción cuando alguien:mueve el pie constantemente, juguetea con objetos, hace gestos repetitivos, …

En esos casos, el cerebro parece anticipar el sonido y activar la respuesta incluso antes de escucharlo.
Ese cerebro que filtra el sonido de otra forma
Los investigadores creen que la misofonía tiene que ver con cómo el cerebro procesa y filtra los sonidos. En la mayoría de las personas, el cerebro aprende a ignorar gran parte del ruido ambiental. Pero en quienes tenemos misofonía ese sistema de filtrado podría funcionar de forma diferente. Muchos de los sonidos desencadenantes comparten una característica importante: son repetitivos.
Y esa repetición parece amplificar la respuesta del sistema auditivo.La intensidad de la misofonía varía mucho entre personas. En los casos más leves, alguien puede sentir:
- incomodidad
- nerviosismo
- deseo de abandonar la situación
En los casos más intensos, el sonido puede provocar:
- rabia
- odio
- pánico
- angustia emocional
En algunos casos incluso se activa una respuesta fisiológica fuerte del cuerpo.
Podrías pensar: bueno, pues «te jodes y bailas» ¿no?. Pues no, por que afecta a la vida diaria de la persona que sufre la misofonía.
Con el tiempo, muchas personas desarrollamos ansiedad anticipatoria: empezamos a preocuparnos antes de entrar en situaciones donde creemos que aparecerán esos sonidos (he de decir que mi caso no llega a estos ejemplos): evitar restaurantes, comer separados de familiares o pareja, evitar reuniones sociales. Incluso ver algo que podría producir el sonido puede desencadenar la reacción.
El cerebro ya sabe lo que viene.
No se sabe exactamente cuándo empieza la misofonía. Muchas personas recuerdan los primeros síntomas entre los 9 y los 13 años (en mi caso, a los 8). Parece ser más frecuente en niñas y suele aparecer de forma relativamente rápida. Y no parece estar asociada a un evento concreto. Simplemente aparece.
Además, no es un problema del oído. Las personas con misofonía solemos tener una audición normal. El problema está en el cerebro.
La hipótesis más aceptada es que la misofonía combina factores neurológicos y psicológicos. Tiene que ver con cómo los sonidos activan circuitos automáticos relacionados con la respuesta de lucha o huida (los mismos que se activan con el stress)
Por eso a veces se confunde con otros trastornos como:
- ansiedad
- trastorno bipolar (en mi caso tengo el pack :-) )
- trastorno obsesivo-compulsivo
Y por eso algunos especialistas consideran que debería clasificarse como un trastorno propio.
¿Qué dicen las investigaciones recientes?
Estudios recientes sugieren que la misofonía es un trastorno basado en el cerebro L@s investigador@s han encontrado alteraciones en la conectividad entre áreas cerebrales implicadas en:
- el procesamiento del sonido
- la respuesta emocional
- la evaluación de la importancia de los estímulos
Es decir, el cerebro no solo escucha el sonido. También decide cuánto importa ese sonido.

En la misofonía, ese sistema parece reaccionar con demasiada intensidad.
La misofonía puede afectar al día a día, pero muchas personas pueden aprenden a gestionarla. No me he puesto a ello yo. El tratamiento suele combinar varios enfoques como puede ser la terapia sonora, realizada por audiólogos, junto con apoyo psicológico centrado en estrategias para manejar las reacciones.
Hay algunas estrategias en la bibliografía que creo importante tener en cuenta ya que el estilo de vida puede marcar la diferencia. Algunas de ellas son:
- dormir bien
- hacer ejercicio
- gestionar el estrés
Y también:
- usar tapones para los oídos
- utilizar auriculares
- crear espacios tranquilos en casa
Lugares donde no aparezcan los sonidos que resultan más molestos.
Pero los sonidos no son solo vibraciones
Ahora bien. Para entender realmente por qué ciertos sonidos nos irritan tanto, quizá haya que mirar un poco más allá.
Imagina una mañana cualquiera. Te despiertas y empiezan a aparecer los sonidos habituales del mundo: niños, perros, la ducha del vecino, los golpes, coches, …
Y de repente aparece ese sonido: un martillo neumático empieza a perforar el asfalto de la calle. Las vibraciones atraviesan paredes y ventanas. Todo el mundo lo nota. Alguien se enfada. Alguien protesta. Ese sonido puede alcanzar entre 100 y 130 decibelios.
Pero lo curioso es que no siempre es el volumen lo que hace que un sonido resulte insoportable.
El contexto cambia la percepción
Nuestra relación con los sonidos depende de muchas cosas:
- su calidad
- el momento en que aparecen
- las asociaciones que hacemos con ellos
Pensemos en esto. El estallido repentino de un rayo puede sobresaltar el sistema nervioso. En cambio, el rumor lejano de una tormenta puede ser relajante.
El filósofo alemán Arthur Schopenhauer escribió en 1851 un ensayo llamado Sobre el ruido. Decía algo interesante.
Las mentes brillantes concentran toda su energía en un único punto, igual que un espejo cóncavo concentra la luz.
Cuando algo interrumpe esa concentración —especialmente el ruido— todo se rompe.
Por eso, las personas con mayor capacidad intelectual suelen detestar profundamente las interrupciones. Los demás apenas lo notan.
Además, si simplificamos mucho, podríamos dividir el mundo sonoro en tres categorías:
- silencio
- ruido
- música
El silencio puede ser profundamente calmante. Es la base de la meditación. Cuando se combina con sonidos suaves —olas o lluvia— resulta relajante. Pero también puede ser inquietante. El silencio en una película de terror suele anunciar que algo malo está a punto de ocurrir. Y el silencio también nos enfrenta a algo que muchas personas prefieren evitar: sus propios pensamientos.
¿Quién quiere quedarse solo con su mente durante horas?
Cuando la mente empieza a hablar
Cuando el silencio aparece, los pensamientos empiezan a multiplicarse: ¿Estoy haciendo algo útil con mi vida?, ¿Mi pareja me odia en secreto?, ¿Mi país va en la dirección equivocada?
En Los Simpson, hay una escena brillante que lo resume. Lisa apaga la televisión y Homer dice inmediatamente: —Enciende algo… ¡estoy empezando a pensar!
El ruido cotidiano
El ruido, el segundo tipo de sonido, forma parte del fondo del mundo: Bebés llorando, Perros ladrando Coches pitando.
Pero cuando emerge del fondo puede hacerlo de dos maneras:
- como ruido molesto
- como música:
- la música es estructura
- organización
- reglas
- incluso cuando las rompe
- cuando todas sus vibraciones encajan, puede elevarnos a lugares muy altos.
- pero cuando la música mala… es indistinguible del ruido.
Por qué ciertos sonidos nos irritan
A veces el problema no es el volumen ni la frecuencia.
Es el carácter que atribuimos al sonido.
Un globo explotando puede molestar a una persona y provocar una reacción traumática en otra si le recuerda a un disparo. Un soplador de hojas puede resultar insoportable no solo por su sonido, sino por su presencia constante.
El ruido también comunica actitudes. En el transporte público ocurre algo curioso. Alguien pone música a todo volumen sin auriculares (si es@s estúpidos que creen que nos interesan sus mierdas, incluidas Instragram, Tik Tok, Audios de Whats App, …).
Lo que molesta no es solo la música. Es el mensaje implícito: “No me importa nadie más.” El ruido se convierte en una forma de comportamiento social.
Y es que el contexto lo cambia todo como en todos los ámbitos de la vida. Hay sonidos que normalmente serían molestos pero que dejan de serlo cuando entendemos su contexto.
Un bebé llorando puede resultar irritante… hasta que recordamos que es un bebé. No intenta molestar. Intenta sobrevivir. Un razonamiento parecido ocurre con una sirena de ambulancia.
Y luego está la Misofonía…
En algunas personas, el sonido simplemente NOS irrita por sí mismo. Sin explicación. Sin contexto. Solo ocurre.
Hay personas que no soportan oír a alguien beber de una botella de plástico. O escuchar a alguien masticar (BUFF!!!!). El sonido activa algo en nuestro cerebro que los demás no sienten.
Y entonces la reacción aparece. A veces con una sola frase.
—Silencio, por favor.
Misofonía: cuando un sonido puede convertirse en un infierno – Un Podcast
Hay sonidos que forman parte del fondo de la vida: el murmullo de una conversación, el roce de los cubiertos en un plato,e l clic de un teclado, alguien masticando.
Para la mayoría de las personas (como hemos aprendido) son pequeños detalles del paisaje cotidiano. Apenas los registran.
Pero para algunas personas esos mismos sonidos pueden desencadenar algo completamente distinto: irritación intensa, ansiedad, enfado, incluso una necesidad urgente de escapar del lugar.
Ese fenómeno tiene un nombre: misofonía.
Y aunque durante años se ha considerado una rareza, hoy sabemos que podría afectar a hasta un 20% de la población.
En este episodio del podcast Lo que tú digas, Alex Fidalgo conversa con Celia Incio, psicóloga especializada en el tratamiento de este trastorno. Juntos exploran qué ocurre realmente en el cerebro cuando ciertos sonidos activan respuestas emocionales tan intensas.
La conversación va mucho más allá de la simple molestia acústica. Habla de cómo percibimos el sonido, de por qué algunos estímulos aparentemente inocentes pueden convertirse en desencadenantes y de cómo la misofonía afecta a la vida cotidiana de quienes la padecen.
También aborda algo que suele pasar desapercibido: la incomprensión social que rodea a este fenómeno. Porque desde fuera es fácil pensar que alguien está exagerando. Pero para quien lo vivivimos, la experiencia es profundamente real.
Este episodio es, en el fondo, una invitación a mirar el sonido desde otro lugar.
A entender que lo que oímos no es solo una vibración en el aire.
Es también una interpretación que hace nuestro cerebro.
Y a veces, esa interpretación puede convertir un simple ruido en algo mucho más poderoso.
Buen fin de semana!!
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