¿Por Qué Creemos En Falsedades Obvias?

Al cruzarme con este artículo del New York Times, me ha sido totalmente imposible contener el impulso de aprenderlo como Brain Feeling.

¿Cómo puede ser que tantas personas crean en cosas que se puede demostrar son falsas? Esta cuestión (según el artículo original) ha escalado hasta los primeros puestos de urgencia a medida que la nueva administración de US propaga sus opiniones sobre el fraude en el voto, el cambio climático y las estadísticas criminales que engrandecen la huella en la población. Pero el engaño colectivo no es nada nuevo. Muchas personas, por ejemplo, piensan en contra del consenso científico que las GMO son venenosas y que las vacunas causan autismo.

La situación es frustrante porque parece de fácil solución. La verdad es obvia, si nos molestamos en buscarla, ¿no? Esta línea de pensamiento conduce a las explicaciones de las masas engañadas que nos conducen a decir cosas como: “Estas personas son tontas” o “Estas personas son unos monstruos”

Tales explicaciones nos pueden hacer sentir bien con nosotr@s mism@s, pero son extremadamente simplistas y equivocadas: reflejan un malentendido del conocimiento que se concentra demasiado de cerca en lo que pasa dentro de nuestras cabezas. He aquí la humilde verdad: por sí mism@s, l@s individuales no están equipad@s para separar los hechos de la ficción, y nunca lo van a estar. La ignorancia es nuestro estado natural, es un producto de cómo nuestra mente funciona.

Por sí mism@s, los individuales son incapaces de separar los hechos de la ficción.

Lo que hace que los seres humanos seamos diferentes no es nuestra capacidad mental individual. El secreto de nuestro éxito es nuestra habilidad de perseguir conjuntamente metas complejas dividiendo la labor cognitiva. La caza, el comercio, la agricultura, la manufacturación (todas las innovaciones que alteran nuestro mundo) se pudieron llevar a cabo gracias a esta habilidad. Los chimpancés (el animal, no mal penséis) pueden sobrepasar a niños humanos en tareas numéricas y espaciales, pero no pueden llevar a cabo esas tareas que requieren colaborar con otro individuo para alcanzar la meta. Cada un@ de nosotr@s tan sólo conoce un poco, pero junt@s podemos alcanzar hazañas destacables.

El conocimiento no está en ni en mi cabeza, ni en la tuya. Es compartido.

Tengamos en cuenta algunos ejemplos simples. Tú sabes que la Tierra gira alrededor del Sol. Pero, ¿puedes rehacer las observaciones y cálculos atronómicos que condujeron a esa conclusión? Sabes que fumar provoca cáncer. Pero, ¿puedes articular qué es lo que el humo hace sobre nuestras células, cómo se forman los cánceres y por qué algunos tipos de humo son más peligrosos que otros? Diría que no. La mayoría de lo que sabes (de lo que cualquiera sabe) sobre culaquier materia es un espacio para la información que se almacena en algún otro sitio, un campo de texto olvidado en alguna cabeza de algun@ expert@.

Una consecuencia del hecho que el conocimiento sea distribuido de este modo  es que ser parte de una comunidad de conocimiento puede hacer sentir a las personas que entienden lo que realmente no entienden.

Recientemente, se ha llevado a cabo una serie de estudios en los que se les dijo a las personas algunos conocimientos científicos nuevos inventados, como rocas que brillan. Cuando se les indicó que l@s científic@s aún no entendían del todo bien el porque las rocas brillaban, l@s sujet@s afirmaron que no lo entendían nada bien (una respuesta natural ya que no sabían nada de las rocas). Pero cuando a un grupo distinto se le comentó el mismo descubrimiento, afirmando que l@s científic@s ya habían explicado el por qué las rocas brillaban, l@s sujet@s informaron entenderlo mejor. Fue como si el conocimiento científico (que nunca se describió) se les hubiera transmitido directamente.

El sentido de entender es contagioso. El entendimiento que tienen l@s otr@s, o que dicen tener, nos hace sentir más list@s. Esto tan sólo ocurre cuando las personas creen tener acceso a información relevante.

La clave aquí no es que las personas seamos irracionales; es que esta irracionalidad proviene de un un lugar muy racional. Las personas fallan en el momento de distinguir qué es lo que saben de lo que l@s otr@s saben ya que, a menudo, es imposible dibujar fronteras claras entre el conocimiento que reside en nuestras cabezas y el que reside en cualquier otro lugar.

Esto es especialmente cierto cuanto hablamos de política. Tu mente no puede dominar y retener el suficiente conocimiento con el suficiente detalle de muchos de los asuntos políticos. Debes confiar en tu comunidad. Pero no si no estás al tanto que lo que realmente estás haciendo es ir a cuestas del conocimiento de otr@s, te puede llevas a la arrogancia.

Por ejemplo, en los US, hubo quejas generalizadas cuando Trump y el congreso tiraron hacia atrás las regulaciones de los vertidos de las minas a los ríos. Esto podría ser mala política, pero la mayoría de las personas no tienen la experiencia suficiente para hacer esta afirmación ya que evaluar la política es complicado. La política del medio ambiente es sobre equilibrar costes y beneficios. En este caso, necesitas saber algo sobre qué es lo que los vertidos mineros hacen a los ríos y en qué cantidades ocurre este efecto, cuánta actividad económica depende de poder verter libremente, cómo un descenso en la actividad minera podría ocurrir, cuánto de dañinas son las otras fuentes de energía, y sigue y sigue.

Es claro sospechar cuántas de aquellas personas que expresaron rabia carecían del conocimiento detallado necesario para poder juzgar la política. También esta falta podría ocurrir a los congresistas que votaron a favor o en contra. Pero las personas parecían totalmente seguras de lo que decían y apoyaban.

Estos engaños colectivos ilustran el poder y el profundo defecto del pensamiento humano. Es remarcable que grandes grupos de personas puedan unirse en torno a una creencia común cuando tan sólo un@s poc@s de ell@s poseen el conocimiento necesario para hacerlo. De este modo se descubrió el Bosón de Higgs y se aumentó la esperanza de vida en 30 años durante el siglo pasado. Pero las mismas fuerzas ocultas explican porque podemos creer en cosas indignantes, hecho que puede llevarnos a resultados con las mismas consecuencias y más desastrosos.

El que la ignorancia es nuestro estado natural es una amarga píldora que nos tenemos que tragar. Pero si nos tomamos esta medicina, nos dará más fuerza. Nos ayudará a diferenciar las preguntas que merecen una investigación real de aquellas que invitan a un análisis reactivo y superficial. También nos pueden conducir a demandar experiencia y análisis matizados a nuestr@s líderes, lo que es la única cosa probada y cierta de hacer política efectiva. Un mejor entendimiento de cuán de pequeño es lo que tenemos dentro de nuestras cabezas nos puede servir de mucho.

El autor original de este Brain Feeling es Philip Fernbanch, científico cognitivo y profesor de marketing en la Escuela de Negocios de Leeds de la Universidad de Colorado. El otro autor, Steven Sloman, es profesor de ciencias cognitivas, lingüísticas y psicológicas en la Universidad de Brown. Son autores de un libro que aparecerá en breve: “The Knowledge Illusion: Why We Never Think Alone” (La Ilusión Del Conocimiento: Por Qué Nunca Pensamos Solos)

Buen Domingo!! 🙂