Cómo Tu Cerebro Hace Que Mantengas Creencias Contradictorias

Admítelo: tienes algunas creencias contradictorias (a lo mejor más que algunas). Tod@s lo hacemos. De muchas de ellas no somos conscientes, y la razón por la que no lo somos tiene que ver con el modo en que nuestros cerebros procesan, almacenan y recuperan el conocimiento. Y para poder hacer eso bien, nos convierten en líos auto contradictorios, al menos algunas veces. Veamos cómo.

Probablemente Tus Principios Principales Choquen

Hay un montón de contradicciones en las personas que tienen creencias muy fuertes. Algun@s predicaran por la auto suficiencia en política pero consentirán a sus hij@s. Un individuo se opondrá al aborto en base a que la vida humana es sagrada y, al mismo tiempo, soportará la pena de muerte para los asesin@s declarad@s. Otr@s apoyarán la libertad individual de expresión en el arte pero querrán regular los discursos detestables.

GROUCHO MARX

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Hay una razón pragmática para estas creencias contradictorias. Un principio fundamental que mantengas y que no quieres que sea violado se denomina ‘valor protegido’ del que ni siquiera considerarías violar. Ver cómo otras personas violan nuestros valores protegidos puede causar sentimientos de enfado e, incluso, de ira. Y cuando es el caso en que nos vemos a nostr@s mism@s violando nuestros propios valores protegidos, sentimos culpa y vergüenza.

La cosa es que, una vez tienes más de un valor protegido, lo más probable es que entren en conflicto entre ellos en algún momento. Un ejemplo de este conflicto pasa por las personas que se oponen al aborto y al suicidio asistido, pero que abogan por la pena de muerte de los asesinos y la fuerza militar contra los regímenes que se perciben como amenazas de las vidas y valores americanos. Mantienen dos valores muy profundos, por un lado la santidad de la vida y por el otro la importancia de la seguridad; y diferentes circunstancias requieren que tengan que elegir entre esas dos.

Ese tipo de decisiones raramente son explícitas, y la mayoría de las personas no son conscientes de las inconsistencias en las creencias hasta que alguien se lo hace ver. Para ser justos, los filósofos y los éticos han pasado siglos desenredando dilemas como este, y muchos argumentarían (a menudo irresistiblemente) que esos ideales ‘chocantes’ son perfectamente defendibles, ya que son aproximaciones contingentes hacia actuar en ellos. Y podría ser. Pero a nuestros cerebros poco les importa esto.

Contradicciones

Contradicciones

En otras palabras, si aprendemos un nuevo hecho que aparece ser inconsistente con cualquier otra cosa que conocemos, no hay mecanismos automáticos en nuestro cerebro que nos indiquen esa contradicción y nos fuercen a resolverla. En lugar de eso, acabamos con dos creencias diferentes que no son consistentes.

Todas Las Creencias Son Contextuales

La práctica totalidad de cualquier afirmación que podamos hacer sobre el comportamiento humano tan sólo es cierta bajo ciertas circunstancias. El truco para entender el comportamiento es saber las circunstancias en las que los comportamientos van a ocurrir.

Lo mismo es cierto con las creencias. Cuando alguien dice: “Creo que la vida humana es sagrada”“Creo en la libertad individual” incluye una descarga de responsabilidad no declarada que seria algo parecido a “la igualdad entre ellos”. Pero casi siempre hay situaciones que conducen a la violación de cualquier creencia o afirmación de valor.

Sería demasiado trabajo para nuestro cerebro tener que enumerar todas esas excepciones a las reglas en las que creemos, de modo que, en lugar de ello, hace algo más fácil (supongo que para mantener su propio principio de gastar la menor cantidad de energía posible): asocia las creencias con situaciones específicas y facilita la recuperación de esas creencias en las situaciones a las que están asociadas.

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Supongamos que vamos a un parque natural. Hay signos por todo el parque avisándonos que vayamos con cuidado con los osos, de modo que aprendemos que no debemos acercarnos a ellos, de modo que los tememos. Más adelante vamos a un zoo. Allí hay un oso pero, en este caso, no lo tememos ya que las vallas y los fosos nos protegen.

En teoría, nuestro cerebro en primer lugar aprendería una regla general para lidiar con ello, como: “Asústate de los osos”, para luego aprender toda clase de excepciones a esa regla. O podría aprender simultáneamente la regla y el contexto en que esta se aprendió (que es exactamente lo que nuestro cerebro hace). Esto facilita el recordar la información, en el contexto adecuado, en el futuro.

Cómo Tu Cerebro Trata Tus Contradicciones

Dado que este sistema funciona bastante bien, la mayoría del tiempo no necesitamos pensar en el hecho que nuestras creencias serían contradictorias como resultado de ser contextuales. Pero ser conscientes de nuestras creencias contradictorias nos lleva a darnos cuenta que no son consistentes. (Esto parece ser un interminable pantano de personas que disfrutan señalando las inconsistencias de l@s demás, particularmente en internet). En estas situaciones, tenemos dos opciones.

La primera opción es la estrategia ‘depende’: haces una nota mental que tus creencias no son realmente contradictorias. En lugar de ello, una creencia se mantiene bajo un conjunto de circunstancias y la opuesta bajo un conjunto diferente. Esto tiene el beneficio de ser cognitivamente cierto.

Nota Mental

Nota Mental

A veces, sin embargo, resolvemos el contraste entre las creencias escogiendo uno por encima del otro. Esta estrategia es la que se usa en la ciencia. En un estudio científico, a menudo, hay teorías que compiten en el intento de explicar algún aspecto del mundo. Cuando dos teorías entran en conflicto, l@s ivestigador@s usan datos para decidir en cuál creer. Confiar en la recolección y el análisis de los datos para determinar qué teorías no son correctas, es en sí un valor protegido de la ciencia. Todo el proceso fuerza a las ideas en conflicto a una rigurosa yuxtaposición en un esfuerzo de resolver conflictos.

Los individuos, da igual como, están menos forzados diariamente a enfrentarse a estos dilemas. Una creencia puede coexistir felizmente con otras creencias en conflicto hasta que algo o alguien lo señala. La disonancia resultante en algunos casos conduciría a cuidadoso examen de los valores, o a una racionalización para cambiar ese punto. Todo es lo mismo, somos capaces de mantener sin esfuerzo alguno creencias dispares, incluso cuando estas están siendo directamente cuestionadas.

Walt Whitman escribió; “¿Me Contradigo? […] Entonces bien, me contradigo (soy grande, contengo multitudes)”; estaba en lo correcto.

jbsnryt

Buen Martes!! 🙂


Artículo Original: “How Your Brain Makes You Hold Contradictory Beliefs” en FastCompany