Qué Pasa Cuando Comes Alimentos Para El Cerebro Durante Una Semana

Hace algunos días que pienso si hacer o no este Brain Feeling. Hoy me he decido a aprender de la experiencia de Anisa Purbasari Horton que nos explica qué efectos tuvo en ella el comer alimentos buenos para el cerebro durante una semana.

Sabemos que hay una fuerte conexión entre nuestra salud física y nuestro rendimiento laboral. Podemos pensar que lo estamos haciendo bien. Incluso nos podemos considerar personas más o menos sanas.

Pero como todas las personas, tod@s tenemos nuestros hábitos poco saludables. Anisa explica que después de usar durante varios meses la aplicación para el sueño Sleep Cycle, se dio cuenta que la calidad y la cantidad de su sueño no eran tan altas como quería que fuesen. Suele comer una dieta sana de carne magra y verduras el 70% de las ocasiones pero cuando está estresada cambia a la comida basura y bebe demasiado café cuando no duerme lo suficiente. En algún momento del proceso, afirma, su cerebro se ralentiza y se vuelve agudisímo para pensar bien durante un largo rato de la tarde.

La Pirámide De La Dieta Sana

Anisa ha tratado de adoptar “dietas” para el beneficio de su cerebro y de sus niveles de energía, pero han fallado dado su orientación “todo o nada”. Dietas como: “Slow Carb”, “Ketogenetic”, “Whole 30”, “Paleo” o la “Bulletproof”, te venden una gran función cerebral como resultado, pero Anisa odiaba su naturaleza restrictiva. El hecho que un pequeño lapsus pudiese acabar con una semana de disciplina la desalentaba de continuar con cualquiera de estos planes de comer más allá de 2 semanas.

Pero desde que se dio cuenta que había una diferencia en su sueño y en su claridad cuando era más consciente de lo que comía, se determinó a encontrar un plan que funcionase. El buscar mucho por Google la llevó a descubrir la MIND Diet, que está diseñada puramente para tener una mejor función cognitiva, en oposición a la mayoría de las dietas mencionadas antes que lo están para perder peso. ¿Lo mejor de todo? que no era un “todo o nada”, el adoptar algunas partes de la dieta aún aporta beneficios mentales.

Una Dieta Para El Cerebro

La MIND Diet, acrónimo de Mediterranean-DASH for Neurodegenerative Delay, fue creada por investigador@s de la escuela de Salud Pública de Harvard y del Centro Médico de la Universidad de Rush. Un híbrido de la popular dieta meditarránea y de las dietas DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension) en que l@s investigador@s estudiaron qué patrones reducen el riesgo de la enfermedad de Alzheimer y condujeron tests cognitivos de 960 adultos durante 9 años, en los que siguieron sus hábitos de dieta.

La Dieta MIND

La dieta MIND recomienda el alto consumo de 10 grupos de comida “saludable para el cerebro” como: verdura, frutos secos, bayas y pescado. Limita (que no prohíbe) el consumo de comida no saludable cómo las carnes rojas, la mantequilla y la margarina, el queso, los dulces y la comida procesada. Los hallazgos revelaron que los adultos más viejos que se ciñeron a la dieta tenían un 53% menos de riesgo de sufrir Alzheimer, y aquell@s que la siguieron moderadamente lo vieron reducido un 35%.

Anisa tiene 28 años, con lo que el Alzheimer aún no es una gran preocupación para ella. Pero se dio cuenta que como que la dieta estaba diseñada para optimizar la función cognitiva (y prevenir la decadencia cognitiva), pensó que el seguirla haría mejorar su cerebro y su concentración. Sólo había un modo de probarlo, seguirla durante una semana y ver qué ocurría.

Gastar Más En Comestibles Y Hacer Las Mismas Comidas

Como cabía esperar, la primera cosa que tuvo que tragarse en esta dieta fue ver el gasto incrementado en comestibles. El salmón, el aceite de oliva virgen extra, los arándanos (por cierto ayer por la noche los comí por primera vez) y los frutos secos no son compras baratas, y son esenciales en la dieta MIND. También compró hasta 3 veces más de lo que solía: espinacas y repollo ya que quiso incorporar más de ellas en sus comidas.

Arándanos

Tabién empezó a comer las mismas comidas cada día. El desayuno serían 2 huevos, espinacas y salmón, con café solo y una cucharada de postres de aceite de coco. La comida consistía en pechuga de pollo, ensalada con repollo, espinacas, edamame, brócoli y un puñado de almendras. La cena era puré de lentejas con verduras y arroz marrón.

El mayor cambio que tuvo que aplicar fue abandonar el azúcar refinado, así que sustituyó su merienda diaria que consistía en un yogurt griego de algún gusto con granola por una crema de yogurt de coco, arándanos y semillas de salvia. Cambió su café con leche helado por te de menta verde. El único momento en que se desvió de estas pautas fue cuando comía fuera, lo que le ocurría 2 veces esa semana, momentos en los que devoraba comida rica en carbonos.

Tenía Menos Hambre Durante El Día

Se sorprendió de lo poco que tardaron los efectos en mostrarse. Tan solo necesitó 2 días para que les pasaran los deseos de comer azúcar, y en el primer día de la dieta se durmió mucho más deprisa y se despertó de modo natural más temprano. Tan sólo experimentó un mal día, y se debió a que llegó a casa más tarde de lo que normalmente hace la noche anterior y durmió menos de lo que le hubiese gustado.

También se dio cuenta que picaba menos entre horas, aún cuando las nuevas porciones no eran tan grandes. Como resultado, la comida ocupaba menos lugar en su cerebro, y fue capaz de concentrarse durante periodos de tiempo más largos. Incluso cuando aparecían tareas imprevistas y su día se desequilibraba, vio como era capaz de llevarlas a cabo rápidamente. ¿Se trata de un efecto placebo? Anisa no nos lo puede asegurar, pero fue refrescante el seguir una dieta donde la “comida prohibida” no estaba constantemente en su cabeza.

Estaba Más Motivada A Comer Para El Cerebro Que Para El Cuerpo

A diferencia de otras dietas, no estaba tentada de pegarse un atracón de comida prohibida. Sospecha que hay dos razones para ello. La primera es que, aunque la dieta no recomienda el consumo de ciertos alimentos, no dicta que debemos dejar ciertas cosas. La segunda, fue que le motivaba más el hecho de comer para su cerebro que para su cuerpo. Incluso en la era de la positividad del cuerpo, de la salud y del bienestar, le era difícil separar el concepto de dieta de un (a menudo irrealista) ideal físico. De algún modo, la mejor productividad fue una motivación mejor para ella.

Dicho esto, definitivamente notó un cambio en su cuerpo. Sus niveles de energía aumentaron, fue capaz de seguir sus entrenamientos para la media maratón sin mirar a su monitor de ejercicio cada 5 minutos para confirmar si había registrado los suficientes pasos para la noche. Sospecha que el hecho de eliminar el azúcar refinado jugó un gran rol.

La Moderación Es Un Medio Feliz

Ya hace dos semanas desde que Anisa empezó la dieta, y por primera vez, está pensando en ceñirse a ella más allá de este experimento. Una de las cosas que aprecia de la dieta es la ausencia de restricciones. El no tomar diariamente azúcar refinado continuaba siendo un reto, pero saber que de vez en cuando podía tomarlo, hacía que la dieta fuese soportable. Tuvo que aceptar el hecho de gastar más dinero en compras pero, en comparación a otras dietas, el incremento tampoco fue tanto.

Anisa admite que aún tiene algún reparo a seguirla a largo plazo. El hecho que l@s “expert@s” aún no se ponen de acuerdo en que es lo que es comida saludable y lo que no, indica que hay mucho más que no sabemos sobre cómo lo que comemos afecta a nuestros cuerpos y nuestros cerebros. Pero hasta que la investigación diga lo contrario, seguirá siendo una fan moderada de la dieta MIND, para el bien de su productividad.

¿Os animáis?

Buen Jueves!! 🙂


Artículo Original: “What Happened When I Ate The Best Brain Foods For A Week” en FastCompany