Curas de Humildad

Hoy me gustaría dar a conocer un artículo sobre la humildad. Lo descubrí el pasado domingo, es muy cortito pero es muy clarificador. ¿Sabéis? Creo que a menudo, y más hoy en día, tendemos a entender mal el concepto de humildad, con lo que, en nuestros esfuerzos por intentar ser humildes fracasamos.

En mi experiencia el ser humilde (en mi caso, creo que aún estoy trabajando en ello) es un proceso dónde al principio empiezas fingiendo hasta que llega un punto en el que lo has conseguido, en el que te has acostumbrado a no vanagloriarte de todos tus logros, a escuchar a l@s demás y a poner tu experiencia al servicio de los otros y, a aceptar sin vergüenza alguna tus errores, equivocaciones y gazapos.

Creo que cómo dijo C.S.Lewis:

“La Humildad no consiste en pensar menos en tí, es pensar que tú eres menos”

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Aún así, en nuestro intento de ser más humildes, a menudo nuestro ego quiere sacar la cabeza, y suele ser entonces cuando recibimos una cura de humildad. Veamos qué es lo que nos explica Carles Capdevila.

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La Humildad Teórica es asumible. Me cuesta poco aceptar de palabra las cosas que no se hacer, en qué soy un negado, o qué es lo que no ha salido como quería, los fracasos, las meteduras de pata, los errores. De hecho, incluso puedo bromear con ello, y así me siento mejor, fíjate si soy humilde que lo llevo con alegría. Pero la práctica conlleva más trabajo y demuestra una vez más que saber entender las cosas no es garantía alguna de que las sepamos aplicar.

Llamamos curas de humildad a las hostias que nos da la vida para recordarnos que somos imperfectos, que los planes no salen como queremos, que lo que hacemos tiene consecuencias, y que a veces las consecuencias llegan sin haberlas ni tan solo buscado. Vamos, que somos mortales. Nos suelen coger desprevenidos porque no estamos entrenados. Huimos de terrenos incómodos (zona de confort), nos encaramos hacia lo que creemos que controlamos, acabamos descartando lo que más nos cuesta, lo hacemos incluso cuando tendríamos ganas de hacerlo. A veces nos pasa por aquella mezcla de pereza, sentido del ridículo y miedo a mostrarnos frágiles.

Por circunstancias vitales ahora intento aprender disciplinas alejadas de mi dominio. Que requieren más silencio que palabras, más habilidades físicas que reflexión, más movimiento que sedentarismo, más intimidad que exposición pública, más constancia que creatividad puntual. Actividades en las que siento que soy muy poca cosa, en las que soy maldestro, en que de momento la única opción de destacar es cómo el que lo hace peor. Me había llenado la boca presumiendo que me encanta aprender. Pero me refería a aprender a mí manera. Cuando se trata de aprender diferente, difícil, donde el progreso es tan lento que no lo percibes, donde no hay recompensa inmediata, te das cuenta que la practica de la humildad es dolorosa. Era tan fácil decirlo y punto.

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Buen Miércoles!! 🙂

Artículo Original: “Cures d’humiltat” en Ara.cat

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