Recordando a Phineas Gage: El Paciente Más Mítico de la Neurociencia

Durante un par de meses en Feel The Brain, nos hemos hecho eco de la historia del paciente más famoso de la historia de la neurociencia. Hemos partido de un artículo: “Phineas Gage, Neuroscience’s Most Famous Patient” publicado en Slate.com

La historia pareció lo bastante atractiva cómo para crear una serie al estilo de las de televisión. Hemos creado unos créditos iniciales que ilustran la entrada de cada capítulo y que bautizan a la serie como “Duttonsville”

Como entrada permanente de la serie os dejo aquí la guía y el acceso a cada uno de los Brain Feelings de cada capítulo:

Créditos Finales

La información sobre Phineas Gage es inmensa, tan sólo en la publicación de esta serie se han mencionado diversos libros, entre los que cabe destacar:

The Tale of the Dueling (Neurosurgeons) de Sam Kean; autor de "La Cuchara Menguante"

The Tale of the Dueling (Neurosurgeons) de Sam Kean; autor de “La Cuchara Menguante”

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El Error de Descartes

An Odd Kind of Fame

An Odd Kind of Fame

 

Estos son todos los enlaces que hemos utilizado para la serie:

Agradecimientos

Quiero dar las gracias a tod@s los que habeis contribuïdo con vuestros comentarios, evaluaciones y opiniones. Ya sabéis que sois los productores ejecutivos de la serie.

Replica de la vara de Gage.

Replica de la vara de Gage.

El caso de Henry Molaison, ¿Qué pasa si nos extirpan el hipocampo?

En la serie “Duttonsvile” de Feel The Brain, hablamos de Phineas Gage; uno de los pacientes más famosos de la neurociencia. Podeís revisitar la historia de Gage en: Duttonsville.


Hoy aprenderemos otro caso particular de la Neurociencia, el caso de Henry Molaison (H.M):

Henry Molaison, conocido como H.M.

Henry Molaison, conocido como H.M.

Esto fue lo ocurrido a Henry:

"Memories of Henry"

“Memories of Henry”

Pues bien, Henry se rompió su cráneo en un accidente; a raíz de este trauma empezó a tener fundidos a negro y ataques epilépticos.

En 1953 H.M. se decidió a someterse a una cirugía cerebral radical. El doctor que se encargó del caso fue el temerario Dr. William Scoville:

William Skoville

William Scoville

Y, ¿por qué temerario? Pues porque, a pesar que en ese entonces se desconocía la función del hipocampo en el cerebro humano, el doctor procedió a extirpar el hipocampo de Henry.

En primera instancia la intervención fue un éxito absoluto -con respecto a lo que intentaba solucionar-. Los ataques epilépticos desaparecieron; pero algo había ocurrido con la memoria a largo plazo. Al despertar de la cirugía, Henry podía recordar ciertas cosas previas a ésta; pero se mostraba incapaz de generar nuevos recuerdos.

Fue en este momento cuando la psicóloga Brenda Milner empezó a examinar el caso de H.M.:

Brenda Milner

Brenda Milner

Brenda enseguida detectó que H.M: era incapaz de crear nuevos recuerdos; hechos, cosas que veía y gente que conocía era olvidadas de modo instantáneo.

Lo sorprendente fue que Brenda detectó que la capacidad para crear recuerdos procedurales de H.M. había quedado intacta; es decir, era capaz de aprender a hacer nuevas cosas y nuevas capacidades; pero era totalmente incapaz de recodar cómo las había aprendido -cómo las había adquirido-; simplemente estaban allí.

Gracias a estos estudios ahora sabemos que existen dos tipos de memorias diferentes y que éstas se almacenan en partes diferentes del cerebro y que es el hipocampo el que actúa como intermediario para enlazar estos dos tipos de almacenes de nuestro cerebro.

H.M murió en 2008, a la edad de 82 años; aunque él estaba aún totalmente convencido que tenía 27.

En este vídeo, de un modo ameno y animado (de la mano de Sam Kean) aprenderemos toda la historia de H.M. y de Brenda; así como todo lo que su relación aportó al conocimiento de la memoria a corto y largo plazo y de las partes del cerebro involucradas en su distinción. En definitiva todo los que el caso de H.M. nos enseñó sobre el cerebro y la memoria.

Buen Sábado!! 🙂

Fuente Original: “What happens when you remove the hippocampus? – Sam Kean” en ed.ted.com

Duttonsville: Phineas Gage; Capítulo 5: Serie Finale


“Orgulloso, Bien Vestido y Encantadoramente Guapo”


Es indiscutible que la historia de Phineas Gage atrae de un modo especial. Es por eso que nunca ha sido tan popular como ahora. Crea una especie de fenómeno fan, en el carro del cual Feel The Brain se ha subido.

  1. Se han escrito tributos musicales, como éste y éste.
  2. Se han hecho blogs como The Phineas Gage Fan Club
  3. Se ha reproducido en Crochet su calavera:
    tumblr_lub9osAPTu1qbh26io1_1280
  4. En Youtube hay miles de videos de Gage, incluyendo diversas recreaciones del accidente, una de ellas con barbies y otra con Lego:
    https://www.youtube.com/watch?v=_nikOxNfjqs


Su calavera se ha convertido en el equivalente medieval de una reliquia de santo: el libro de visitas del museo de Harvard tiene entradas de peregrinos de India, Brasil, Korea, Chile y Turquía (en la revisión de 2013).

Cabe remarcar que continúa emergiendo nuevo material de Gage. En 2008, apareció la primera imagen de Gage; un daguerrotipo en tono sepia del capataz sujetando su vara. Otra foto también apareció; sus propietarios (los coleccionistas Jacy y Beverly Wilgus) lo habían bautizado como “el ballenero“, especulando que el joven de la foto había perdido su ojo durante una pelea con una ballena salvaje. Pero fue cuándo éstos enviaron su foto a Flicker donde la comunidad se encargó de remarcar que ése era Gage. Los Wilgus se encargaron de chequearlo. En esta aparecía orgulloso, bien vestido y encantadoramente guapo.

En cambio, en el plano científico la herencia de Gage se mantiene ambigua. Su historia, cómo nos ha pasado en Feel The Brain, captura el interés de las personas por la neurociencia. Pero también hay que decir, que su historia también desorienta la gente, al menos en su versión tradicional.

Partiendo de las últimas investigaciones sobre Gage, especialmente la conectividad cerebral y la neuroplasticidad parece que se está empezando a vislumbrar un rayo de luz. Cada nueva teoría sobre Gage nos acerca un poquito más a la verdad. Por otro lado, a lo mejor Gage está condenado a mantenerse como una mancha histórica del test de Rorschach, a saber en cual de estas dos encajaría:

Lámina 5 del Test de Rorschach, lo más común es reconocerlo como un murciélago. ¿He oído el logo de Batman?

Lámina 10 del Test de Rorschach. Normalmente reconocido como cangrejo, araña o langosta. A mí me gusta pensar que es un festival en París, en el paseo que conduce a la Torre Eiffel.

A causa de toda esta incertidumbre, Ratiu (el Doctor de Bucarest); recomienda que los neurocientíficos paren de enseñar Gage. Pero es inevitable, cuándo necesitas poner un ejemplo sobre los lóbulos frontales debes sacar a Gage, cual As en la manga.

MacMillan afirma que la historia de Gage se hace recordar ya que ilustra lo fácil que es el que un montón de hechos se transformen en un mito popular y científico a la par. Esta construcción de mito continúa. Se han hecho guiones y/o obras sobre Gage. Algunas de ellas:

  • Gage se enammora de una prostituta Chilena que lo rescata de su vida autodestructiva.
  • En otra, Gage, vuelve a los Estados Unidos, liberando esclavos y apoyando a Abraham Lincoln en la Guerra Civil.
  • En un Kickstarter para un corto Gage”, el cineasta Keith Kopp plantea la historia desde el punto de vista del Doctor Harlow:
    https://vimeo.com/102912827

Otra razón más profunda de que Gage siempre estará con nosotros es que se mantiene oscuro y turbio. Cómo escribe un@ neurocientífic@:

“[…] por debajo de las historias y de los cuentos, una verdad básica está implícita en la historia de Gage. Ésta ha jugado un rol tremendamente importante en dar forma a la neurociencia actual: el cerebro es la manifestación física de la personalidad y sentido de uno mismo”

Es una idea profunda, y fue Phineas Gage quién nos puso en esa dirección.

fin

Créditos Finales

La información sobre Phineas Gage es inmensa, tan sólo en la publicación de esta serie se han mencionado diversos libros, entre los que cabe destacar:

The Tale of the Dueling (Neurosurgeons) de Sam Kean; autor de "La Cuchara Menguante"

The Tale of the Dueling (Neurosurgeons) de Sam Kean; autor de “La Cuchara Menguante”

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El Error de Descartes

An Odd Kind of Fame

An Odd Kind of Fame

 

De modo que para tener más detalles, como es normal deberemos rebuscar entre los libros.

Estos son todos los enlaces que hemos utilizado para la serie:

Agradecimientos

Quiero dar las gracias a tod@s los que habeis contribuïdo con vuestros comentarios, evaluaciones y opiniones. Ya sabéis que sois los productores ejecutivos de la serie. 🙂

Guía de Episodios

He creado una página permanente en Feel The Brain, con entrada propia en el menú del site; dónde encontrareis los episodios por orden. La podeís visitar siguiendo este enlace ha “La Historia de Phineas Gage“.

Next Comming: Edward Mordrake

Dentro de casos de neurociencia, trataremos al hombre de las dos caras: Edward Mordrake.

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Buen Sábado!! 🙂

Duttonsville: Phineas Gage; Capítulo 4: La Contradicción


“La Contradicción”


Increiblemente, después de pasarse 18 meses trabajando en la hípica en New Hampshire, Gage partió hacia América del Sur en 1852. Estuvo mareado todo el viaje. Había sido contratado por un emprendedor con la esperanza de avanzarse a la fiebre del oro en Chile y, una vez en tierra, Gage acabó conduciendo diligencias por las escabrosas montañas entre Valparaiso y Santiago. Probablemente estaréis pensando en cuántos pasajeros que subieron al autobús conocían sobre el pequeño accidente de su conductor de un solo ojo, pero hizo este trabajo durante 7 años.

Diligencia entra Valaparaíso y Santiago de Chile

Su ya precaria salud le obligó a dejar Chile, y en 1859 cogió un barco de vapor y se trasladó a San Francisco, cerca de donde su familia se había trasladado. Después de unos meses como trabajador en un granja, donde parecía haber mejorado, un duro día de labrado (a principios de 1860) se lo llevó por delante. Tuvo un ataque esa misma noche durante la cena. Murió el 21 de Mayo de 1860, a los 36 años de edad; después de haber sobrevivido al accidente casi 12 años. Su familia lo enterró dos días después, posiblemente con su querida vara.

La historia de nuestro diligente capataz debería acabar aquí (una pequeña y oscura tragedia de pueblo); pero no para el Dr. Harlow.

Había perdido la pista a Gage años atrás, pero consiguió la dirección de la familia de Gage en 1866 y escribió a California para pedir noticias. Después de muñir a detalles 🙂 a la familia, Harlow se impuso a Phebe (la hermana de Gage) para abrir la tumba y salvaguardar la calavera de Gage en 1867. En el momento de la exhumación estaban presentes: Phebe, su marido, el doctor de su familia, el tanate del pueblo y el Dr. Coon, alcalde de San Francisco; expectantes para echar un vistazo al interior de ataúd. Meses más tarde, la familia de Gage entregó en mano la calavera y la vara al Dr. Harlow en Nueva York. Finalmente Harlow, escribió un informe completo del caso que incluía prácticamente todo sobre Gage y su salud mental y su estancia en Sur América.

La mayoría de los detalles de la vida de Gage, omiten Chile. Incluso McMillan no supo de su existencia durante décadas. Pero en los los últimos años, se ha convencido de que Chile encierra la clave para entender a Gage.

La epifanía le sobrevino mientras estaba viendo al marido de la Reina Isabel (el Príncipe Philip), en carreras de carros en la tele una noche.

Philip, conducía carros de caballos del mismo modo que Gage hizo y la complejidad del trabajo de las riendas así como la dificultad de la maniobras; provocó un vuelco en MacMillan. El conductor controla cada una de las riendas de sus caballos con un dedo diferente. Imaginemos conducir un coche donde cada rueda tiene su propia dirección. Aún más, las pistas por las que Gage conducía estaban a rebosar, hecho que provocaba que tuviese que hacer paradas rápidas y esquivar con rapidez y, porque posiblemente tenía que conducir durante la noche, tenía que memorizar las rutas y sus problemas y los bandidos. Además, presumiblemente, cuidaba a los caballos y cobraba los pasajes. Por no mencionar que también debía de estar aprendiendo Español en Chile.

Detalle del Control de los Caballos de una Dilligencia

Todos estos hechos, llevan a MacMillan a afirmar: El hecho de que alguien con un comportamiento impulsivo e incontrolable; llevando a cabo tareas tan complejas, me hizo pensar que había una contradicción”

MacMillan persiguió su corazonada y, después de repasar repetidamente la cronología vaga del informe de Harlow, se convenció que los problemas de comportamiento de Gage eran temporales y que Gage recuperó algunas de sus facultades mentales perdidas.

Hay pruebas independientes que lo demuestran. En 2010, Matthew Lena (un Ingeniero Informático colaborador de MacMillan) encontró una mención de un doctor del siglo XIX que vivía en Chile y que conocía bien a Gage: “Estaba disfrutando de su buena salud […] sin ningún impedimento en sus facultades mentales.” Para ser clar@s, MacMillan no cree que Gage se recuperara mágicamente de todos sus problemas y volviese a ser él mismo. Pero sí que esta convencido que el capataz pudo reconstruir una vida normal.

Si tan sólo Gage hubiese vuelto, sería un mensaje superpotente de esperanza. El conocimiento neurocientífico moderno aún da más apoyo a la plausibilidad de la recuperación de Gage.

Antaño, l@s neurocientific@s creían que las lesiones cerebrales causaban déficits permanentes: una vez perdida una facultad, ésta no volvía. Cuanto más avanza el tiempo se reconoce que el cerebro adulto puede reaprender facultades perdidas. Se trata de la habilidad de cambio de nuestro cerebro, LA PLASTICIDAD CEREBRAL, que se mantiene aún un poco misteriosa. Pero el hecho es que el cerebro puede recuperar funciones perdidas bajo ciertas circunstancias.

La Neuroplasticidad

En concreto, MacMillan sugiere que la vida castrense a la que Gage se sometió en Chile ayudó a su recuperación. Las personas con daño en el lóbulo frontal normalmente tienen problemas para completar tareas dado que se distraen con facilidad, del mismo modo que tienen problemas con la planificación.

Pero en Chile, Gage nunca tuvo que planificar su día: la preparación del carro incluía las mismas tareas cada día, y un vez entraba en la carretera, simplemente tenía que mantenerse conduciendo hasta la hora de llegar a casa. Esta rutina habría introducido estructura en su vida y lo habría mantenido concentrado.

Puntos Frenológicos del Cerebro de Gage

Un régimen similar podría, en teoría, ayudar a otras víctimas con daños cerebrales parecidos a los de Gage. Un paper de 1999 titulado Transcranial Brain Injuries Caused by Metal Rods or Pipes over the past 150 Years“; hace crónica de una docena de casos similares incluyendo un juego de beodos al estilo “Guillermo Tell”. Otro caso sucedió en una construcción en Brasil en 2012, cuando una barra de metal entró por la nuca de un hombre, después de una caída de 5 pisos, y salió entre sus dos ojos. De modo más común, lesiones similares se producen en el campo de batalla o en los accidentes de coche.

De todos modos, la recuperación de Gage es un mensaje cargado de esperanza sobre la capacidad de regeneración de nuestra máquina más compleja.

No os perdais el próximo y último capítulo de Duttonsville.

Buen Viernes 🙂

Duttonsville: Phineas Gage; Capítulo 2: El Cambio Parte II


“Gage ya no era Gage”, parte II


Gage había cambiado. Como resultado de este cambio, el ferrocarril rechazó reinstaurar a Gage como capataz.

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Empezó a viajar a través de Nueva Inglaterra, mostrándose a sí mismo y a su vara a cambio de dinero. Esto incluyó también un periodo en el museo P.T. Barnum en Nueva York (no en el circo de Barnum cómo algunas versiones cuentan).

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Por un poquito más de dinero, los más escépticos podían apartar la cabellera de Gage y ver su cerebro pulsando debajo. Finalmente, Gage encontró trabajo estable dirigiendo una hípica en New Hampshire.

Fuera de este esbozo de sus actividades, no hay registros de lo que Gage hizo los meses después de su accidente (y aún menos sabemos de cómo era su conducta). El informe de Harlow falló al no incluir algún tipo de línea temporal explicando cuándo aparecieron los síntomas psicológicos o cuándo éstos se agraviaron. Al contrario, lo poco que tenemos parece ambiguo y críptico. Por ejemplo, Harlow menciona las propensiones animales súbitas de Gage para luego mencionar pasiones animales. Puede impresionar, pero ¿qué significa? ¿Un excesivo y fuerte apetito sexual aullando a la luna? ¿Cuán a menudo le ocurría? ¿Qué intensidad tenían? Harlow anotó que Gage empezó a explicar a sus sobrinos y sobrinas historias sobre sus salvajes aventuras. ¿Se trataba de confabulaciones?, un síntoma de daño en el lóbulo frontal, o ¿tan sólo eran verdaderas historias de amor?.

Así pues, la conclusión de que Gage ya no era Gage, podía significar casi cualquier cosa.

Una de las razones por las cuales es difícil el diagnóstico del daño del lóbulo frontal es que las personas varían un poco como para tener una línea base de su comportamiento. Algunos son maleducados, crudos, crueles, caprichosos o cualquier otra cosa. Para ser capaces de juzgar si una persona ha cambiado después de un accidente, es necesario haberla conocido antes del mismo. Desafortunadamente ninguna de las personas que conocía a Gage íntimamente ha dejado algún escrito. Y con esas pocas evidencias de las que disponemos, los rumores se han hecho con la historia hasta que ha aparecido un nuevo Gage.

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Macmillan no se corta un pelo al sumarizar la caricatura de Gage como “un inestable, impaciente, grosero, borracho holgazán, que iba dando tumbos por los circos y ferias, incapaz de cuidarse a sí mismo e indigente”

Algunas veces los nuevos rasgos de Gage se contradicen unos a otros: unas fuentes le describen como apático sexual, otras como promiscuo; unas como una persona de mal genio, otras como emocionalmente vacío, como si estuviese lobotomizado. Así como algunas anécdotas parecen directamente fabricadas. En una de elllas, Gage vendió la exclusiva, los derechos póstumos de su esqueleto a cierta escuela médica (haciendo esto repetidas veces a lo largo y ancho del territorio). En otra historia, un error garrafal, se cuenta que Gage vivió durante 20 años con la vara atravesada en su cabeza.

Más incómodamente, algunos científicos han cuestionado la humanidad de Gage. En el popular libro de 1994, “Descartes’ Error” se sacan a relucir muchos otros puntos como: las mujeres no podían soportar estar en presencia de Gage, que empezó a beber y a alborotar en sitios custionables, que era un fanfarrón, un mentiroso y un sociopata. El autor del libro, en cierto punto, se vuelve un poco metafísico. Especula que el libre albedrío de Gage estaba comprometido y saca a relucir la idea que había perdido su alma.

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Las personas tendemos a desollar las historias siempre, por varias razones. Pero algo distinto ha pasado en el caso de Gage. Macmillan lo llama “licencia científica”“Cuando miras a las historias que se han contado sobre Phineas, tienes la impresión que [los científicos] están incluyendo alguna cosa parecida a la licencia poética; con el fin de hacer la historia más vívida y encajarla con sus preconcepciones”. El historiador científico Douglas Allchin escribe: “a menudo incluyen historias de lo que ‘debería’ haber pasado”

Con Gage, lo que los científicos piensan que ‘debería’ haber pasado, se colorea con su conocimiento de los pacientes modernos. El daño del lóbulo prefrontal se asocia con una tasa superior de comportamiento criminal y antisocial. Aunque no todos los pacientes llegan tan bajo, muchos cambian de modo perturbador: orinan en público, se ríen de las deformidades de las personas en su cara o abandonan un bebé para ver la tele. Macmillan afirma que, probablemente sea inevitable el hecho que la historia de Gage de refuerce con estos nuevos conocimientos; ven a un paciente y dicen “Ah! Así es como Phineas Gage ‘debería’ ser después del accidente”. Harlow nunca informó sobre ningún trastorno criminal en la conducta de Gage. Pero si eres un experto en daño cerebral, la licencia científica te puede tentar en el momento de extrapolar las pasiones animales de Gage.

Si las historias se repiten lo suficiente, acaban adquiriendo cierto aire de verdad. Macmillan afirma: “Y una vez que tienes un mito entre manos, sea científico o no, es imposible destruirlo”

Los historiadores también lo han notado; los mitos prevalecen más que las historias reales, y la de Gage es extremadamente sensacional. Fijaos:

“Había una vez un hombre con un nombre divertido que sobrevivió después que una vara de metal le atravesara el cráneo”, es tragico, macabro, desconcertante. Los puntos que hicieron que Feel The Brain hiciese el vídeo de entrada de esta serie.

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En contraste con otras fábulas científicas, Gage incluye un giro intrigante. Muchos de los otros mitos científicos parten de la realidad para ensalzar a sus héroes (normalmente científicos) como buenas criaturas, puras y virtuosas. Pero Gage se demoniza, es Lucifer caído. Es fascinante ver como alguien se vuelve malo.

Esta claro que después de su accidente, alguna cosa cambió en el comportamiento de Gage. No han quedado muchos testimonios pero sí que algo hubo.

En el siguiente capítulo de esta serie: “La Historia de la Vara”, analizaremos con más profundidad y con el soporte de las herramientas de hoy en día, la magnitud del daño de Gage.

Como previa, os dejo con un diagrama en castellano del accidente:

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Buen Domingo!! 🙂

Duttonsville: Phineas Gage; Capítulo 2: El Cambio Parte I


“Gage ya no era Gage”


La primera historia que apareció sobre Gage contenía un error. El día después de su accidente un periódico local exageró el diámetro de la vara. Un error pequeño, pero el primero de una larga, larga, larga lista de otros por venir.

La Búsqueda de la Verdad

El psicólogo e historiador Malcolm Macmillan, actualmente en la Universidad de Melbourne, ha estado cronificando los errores sobre Gage durante 40 años. Ha tenido una carrera un poco ambulante. Entre otros ha estudiado niños discapacitados, la cienciologia, la hipnosis y el fascismo. En los años 70, Macmillan se interesó por Gage y decidió llevar a cabo un seguimiento para llegar al material original del caso. Se dio cuenta de cómo de desvalijada estaba la historia de Gage y toda la ciencia que la envolvía.

Malcolm Macmillan

Macmillan ha estado cribando la realidad de la ficción, publicando un libro sobre la historia de Gage y su vida después del accidente: “An Odd Kind of Fame”.

An Odd Kind of Fame

Sobretodo, Macmillan quiere estrechar la falta de coordinación que hay entre lo que se conoce actualmente sobre Gage y la sabiduría popular. Afirma: “Aunque no haya más que un par de cientos de palabras que atestigüen cómo cambió, da mucho que pensar sobre la función de los lóbulos frontales”.

El Médico

Harlow pudo ver como Gage subía con pesadez las escaleras hacia su habitación del hotel y se estiraba en la cama cosa que llevo las sabanas a la perdición ya que Gage estaba hecho un mar de sangre.

La Cura

Después vino lo gore, así que si sois de estómagos delicados os podéis saltar este párrafo.

Harlow afeitó el cuero cabelludo de Gage y lo limpió de sangre y de trocitos de cerebro. A continuación extrajo los trozos de cráneo de la herida como quien come comida china. Durante este proceso a Gage le venían náuseas cada 20 minutos ya que la sangre y los trocitos de cerebro se le escurrian por la garganta. Aunque suene increíble Gage nunca se aturdió, permaneció consciente y racional durante todo el proceso. Afirmando incluso que estaría dinamitando piedras de nuevo en 2 días.

La hemorragia cesó a las 23 horas del día del accidente y Gage descansó esa noche. A la mañana siguiente su cabeza estaba fuertemente vendada y su globo ocular izquierdo aún sobresalía mas de una pulgada. Aún así, Harlow permitió visitas en las que Gage reconoció a su madre y a su tío; un buen signo.

Al cabo de unos días, en cambio, su salud se deterioró. Su cara se había hinchado, como su cerebro. Empezó a delirar, en un momento pidiendo a gritos que alguien encontrara sus calzoncillos para poder salir al exterior. Su cerebro desarrolló una infección fúngica y entró en coma. Se le llegó a tomar medidas para un ataúd.

Catorce días en la crisis, Harlow hizo una intervención de emergencia, pinchando el tejido dentro de la nariz de Gage para drenar la herida. Los días pasaron, Gage perdió visión en su ojo izquierdo que quedaría cosido por el resto de su vida. Pero se estabilizó. A finales de noviembre volvió a su casa en Lebanon, New Hampshire; llevando consigo su apreciada (e inseparable) vara. En el informe del caso Harlow describió su propio rol en la recuperación de Gage: “Lo Apañé” escribió. “Dios lo Sanó”.

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El Doctor Henry Jacob Bigelow

Durante su convalecencia, las historias sobre Gage circularon en los periódicos, con diversos grados de exactitud. La mayoría daban a Gage el tratamiento de tabloide, enfatizando  la improbabilidad de su supervivencia.

Hubo doctores que también cotorrearon sobre el caso, con bastante escepticismo hay que decir. Un médico despachó a Gage como una “Invención Yankee”.

El Dr. Henry Bigelow se llevó a Gage a Harvard para una evaluación formal en 1849. Aunque el propio Bigelow trataba a nuestro protagonista como una curiosidad en sí mismo; la visita resultó ser la segunda prueba de primera mano que tenemos.

Dr. Henry Jacob Bogelow

Sorprendentemente, Bigelow informó sobre que Gage se había recuperado en sus facultades corporales y mentales. En esa época tan solo se examinaban déficits motores y sensoriales y, como que Gage podía ver, oír, andar e oír; Bigelow concluyó que el cerebro de Gage debía estar bien.

La evaluación de Bigelow encajó a la perfección con el consenso médico de aquel entonces. Éste mantenía que los lóbulos frontales no hacían demasiado, en parte porque las personas podían sufrir severos daños en ellos y continuar andando. Ahora los científicos saben que los lóbulos frontales contribuyen en prácticamente todas las actividades del interior de nuestro cerebro. La parte de la frente de los lóbulos frontales, llamada área prefrontal, juega un rol especialmente importante en el control de los impulsos y la planificación.

Pero aún hoy en día, tan solo se tiene una idea vaga de cómo los lóbulos prefrontales ejercitan este control. Y las víctimas de las heridas prefrontales pueden pasar la mayoría de los controles neurológicos.

Cualquier cosa que se pueda mesurar en el laboratorio: memoria, lenguaje, capacidades motoras, razonamiento, inteligencia; parecen intactas en esas personas. Es fuera del laboratorio cuando los problemas emergen.

En particular, las personalidades cambian, y la gente con daño prefrontal a menudo traicionan con una falta de ambición, empatía y premonición. No son los tipos de déficitis que un extraño pueda notar en una conversación corta; pero sí aquellos que hacen que la familia y los amigos se pongan en alerta; cuando ven o notan que algo se ha ido.

Es frustante que Harlow tan solo dejara pocas palabras sobre el estado mental de Gage; sin aclarar si realmente el capataz había cambiado de algún modo. Sí que mencionó que se había vuelto caprichoso y que también tan pronto como hacía un plan lo dejaba para cambiar a otro. Pasó de ser muy deferente con los deseos de las personas antes, a priorizar los suyos. De ser un hombre de negocios listo y astuto a vivir con falta de dinero. De ser cortes y reverente a ser una persona irregular, irreverente y maleducado.

Harlow afirmaba:

El equilibrio… entre sus facultades intelectuales y sus propensiones animales parecía haberse destruido”

Los amigos de Gage afirmaban que Gage ya no era Gage.

Buen Sabado!!

No os perdáis mañana la continuación de “El Cambio”